FELIPE CALDERON, ASESINADO POR CIERTA MODERNIDAD

Diario LA CALLE, Ayacucho, 11 junio 08

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elipe Calderón Quispe ha sido asesinado por un chofer y su vehículo, cuando justamente en Ayacucho se está discutiendo para ver quien dominará en el centro histórico: ¿La violencia del ruido, del desorden; el caos y la agresión abusiva de irresponsables dueños de carros arrojando gases tóxicos? ¿O un mínimo de solidaridad y respeto hacia los habitantes y transeúntes que esta Guamanga “moderna” necesita?

Felipe Calderón ha sido victimado (y asesinado es la palabra que conviene), por lo peor de la llamada modernidad que nos chorrea, y que intentamos imitar hasta en su huachafería o prepotencia. Si, ha sido asesinado por alguien que dentro de su chatarra de cuatro ruedas se cree dueño de las calles; que puede matar, darse a la fuga y quedar impune. Y esto en nuestras calles caóticas e inseguras del “rincón de muertos” o “morada del alma” que finalmente han terminado con su vida.

Ciertamente que Ayacucho no es el único lugar donde se producen accidentes mortales. Los hay en todo los lugares donde se convive en permanente disputa o pelea por imponerse uno al otro. Donde la tolerancia y solidaridad han cedido frente al egoísmo y prepotencia del más fuerte, o del que cree serlo, por estar sentado dentro de un vehículo.

El poseer un vehiculo se ha convertido en el sueño mas ansiado, y conseguirlo les da a muchos la ilusión de haber ganado las llaves de entrada “al paraíso de la modernidad”. El espejismo de haber dejado la condición de sub-desarrollado con derecho a comportarse como en las pistas de California que han visto en las películas-basura que mayormente destilan las pantallas “nacionales”.

Felipe Calderón también ha sido victimado por su resistencia a adaptarse a  este tipo de  modernidad. Sobre todo los últimos años, ya había escogido en quedar “fuera” del grupo de los obligados o resignados a aceptar las nuevas reglas sociales del Ayacucho moderno. Él, que había sabido traducir tan fielmente el sufrimiento profundo de sus paisanos en los años de violencia, ya no supo o quiso cantar los “nuevos valores”. Tampoco ya nadie quiso o pudo oírlo, ensordecidos por el ruido actual de la tele-comunicación y embelezados por las historias de Magali o Gisela o Alan.

Y también, como siempre, el poder oficial local lo había ignorado cuando mas lo necesitaba, como hoy mantiene alejado de sus prioridades, a la cultura y sus actores vivos.

       Maipiñam wawallay kanki

       Puracutitapas mascaramuiquiñam

       Wayjuntam orjuntam maskamullachkaiki…(*)

Así cantaba, vivía y sufría en plena violencia para que nosotros, sobrevivamos. Por todo ello, ¡Gracias Felipe Calderón! y ahora si, descansa en medio de tu música, la música eterna.

(*) Donde estarás hijo mío/ También ya te he buscado en Puracuti/ Por quebradas y cerros te estoy buscando…

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