CINE MUNICIPAL: MATINÉ, VERMUT Y NOCHE

Por Felipe López Mendoza

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iertamente no volverán aquellos tiempos cuando en el CINE MUNICIPAL del Parque Sucre, los fines de semana habían tres funciones de cinema. A las tres de la tarde películas aptas para menores, a las seis para la familia y mayores, y a las nueve se daban cita los noctámbulos de la época.

Los niños, jóvenes o adultos menos afortunados subíamos a la galería, al “gallinero”. Desde ahí, disimulados dentro del grupo anónimo gritábamos para toda la sala, al amigo por su apodo, o del vecino “notable” que nos caía mal, o a la chica de nuestros desvelos. En el colmo de la osadía irrespetuosa, se arrojaban a la platea mensajes codificados o simples bolas de papel. Y cuando había censuras o fallas técnicas, era el momento deseado para gritarle al inocente operador: ¡¡¡¡Mi plataaaa!!!! y otras frases menos delicadas.

A la platea del primer piso, entraban las personas más respetables o serias. Las parejas preferían las dos últimas filas para en medio de la penumbra, intentar confesar amores discretos o imposibles de demostrarlos a la luz del día en calles o plazas, donde de todas maneras todos nos conocían.

Los cinéfilos de la época evidentemente no nos perdíamos ninguna función de las “seriales”, películas de larguísima duración que lo proyectaban un capítulo por semana. Esperábamos ansiosos las siguientes aventuras por ejemplo de “El  Llanero solitario”, donde siempre había el “jovincha” (el bueno) y el chistoso. En ese ambiente descubríamos la magia de la ficción, la imaginación o la selva y fauna del África con el “Tarzan” de Johnny Weissmuller, o el mar abriéndose en Los diez Mandamientos”…

Esta nostalgia, disimula en realidad cierta angustia al no saber lo que en el 2009 llenará este espacio modernizado que al parecer seguirá llamándose Cine Municipal. Evidentemente en estos tiempos de comunicación electrónica instantánea, de DVD, Internet, de 40 u 80 canales de televisión o decenas radio-emisoras locales, el cine en sala oscura ha perdido su atractivo mágico. Este espacio se ha trasladado a nuestros domicilios, y los sueños se han convertido en otros objetos más de consumo.

Hoy, el nuevo Cine Municipal tiene que ofrecer al público de Guamanga, creaciones, reflexiones y espectáculos que no sean justamente de banal consumo y digestión. O peor, actividades de promoción  política o comercial. El Cine Municipal debería tener una tonalidad cultural dominante, cultura entendida como generadora de reflexión, de conocimiento; estimuladora del espíritu crítico. Lo cual contribuirá al verdadero desarrollo de Guamanga y de su población hambrienta de ofertas de calidad.

Organicemos recitales de música popular y clásica, con artistas o grupos poco conocidos o estrellas; ciclos de conferencias o cursos para todo público, ¡sin otorgar certificados!; festivales de teatro, cinema; tardes de cuentos para niños y adultos, etc. etc…. Y dejemos la “cultura basura” a las  Magalys TV y otros Baylys de polos anaranjados.