CHANTAL: VIVIR Y MORIR DIGNAMENTE

En diario LA C ALLE, Ayacucho, 16.08.2008

Había una vez un belga y una francesa, locos, que no podían dormir mientras existan niños hambrientos, sin padres, sin casa. Niños sin nada.

Vendieron su casa en Francia, cruzaron los mares, dejaron sus amigos, sus familiares, sus hijos, para ofrecer un poco de sol y cariño a los que nada tienen. Siguieron su camino, tranquilos, con la fuerza del amor y de la vida. Mostrando al mundo que la fuerza del amor es invencible. Pensaban que sería sencillo. No pensaron en los sellos, en los papeles, en la sacrosanta propiedad privada, en la corrupción, en la plata que se da bajo la mesa, etc. etc.

Parece tan extraño, hacer algo por los demás sin buscar sueldos, honores, plata, reconocimiento político. Es la historia real de “Los Gorriones”, de Gil y Chantal…”

chantalEsta historia sentida y escrita por una paisana de Chantal la publicamos en noviembre del 2006, en esta misma columna. Y hoy, CHANTAL acaba de dejarnos después de 5 años de ayudar a tantos niños abandonados. Aquí, muy cerca de nosotros, en Vista Alegre, Ayacucho.

¿Cuántos de nosotros somos capaces de vender nuestra casa y gastarlo todo para hacer una casa hogar en un país lejano? Y cuantos ¿podemos ocuparnos día y noche de niños gravemente discapacitados? CHANTAL pudo hacerlo sin reclamar honores, sin desfilar los domingos en

la Plaza

Mayor.

Mas bien, la “pasearon” administraciones y autoridades, funcionarios, arquitectos, etc. impidiendo en la práctica ampliar la ayuda a mas niños. Sin embargo Chantal y Gil continuaron, pese a todo, apoyados por un equipo comprensivo y por voluntarios que vienen de todo el mundo.

Luego de un año de convivir con un cáncer al hígado, quiso morir igualmente en la dignidad. Es decir aceptando su cuerpo que ya no podía funcionar más y deseando dejar este mundo naturalmente. Sin prolongar su sufrimiento y el de sus seres queridos, con recursos químicos o tecnológicos. Si la palabra DIGNIDAD tuviera un rostro, ciertamente tendría el de CHANTAL.

La sola palabra EUTANASIA, sobre todo en nuestro medio, tiene una connotación casi pecaminosa y es un tabú. Hablar de ello y más aun, el exigir o pedir morir dignamente, nos enfrenta a todo lo que no deseamos ver: lo relativo y pequeño que pueden ser nuestras vanidades y “éxitos” en vida. Y la imprevisible pero infaltable cita que tenemos con la palabra: FIN.

Chantal también en esto nos deja una lección: aceptó el término de su vida con total serenidad. No deseó tampoco que la retuvieran con hipócritas argumentos seudo religiosos. Su religiosidad la practicó toda su vida, al servicio del otro, y no en ceremonias pomposas o sociales.

Tenemos una deuda con Chantal: el de voltear la mirada hacia Vista Alegre, hacia sus niños discapacitados y apoyar a GIL, su esposo que sigue dándoles todo. Lo que nosotros, estamos perdiendo: la generosidad, la solidaridad.

http://casahogarlosgorriones.org/Espanol/