(del artista Monroe)

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GUERRA  DE  IMÁGENES

  en Chile  y  Ayacucho

(En el Diario LA CALLE, Ayacucho, 21.03.07)

P

areciera que aun estamos en aquellas épocas cuando al fotografiar a alguien, la persona protestaba porque le estaríamos robando el alma. O cuando un actor es interpelado en la calle por encontrársele vivo, cuando en su última película se le vio morir trágicamente, haciéndonos incluso llorar.

Comprobamos que en el fondo, poco hemos evolucionado en la relación con nuestra imagen o la que quisiéramos transmitir. Así, en esta lluviosa Huamanga, hace apenas algunos días, una persona que ha ido construyendo notoriedad alrededor de su trabajo político, no ha soportado que le roben una imagen suya en un acto público. En el intento de arrebatar o destruir la cámara digital, encontramos la reacción ancestral para que no le roben el alma. En este caso su alma-imagen política, contemporánea.

Y a nivel internacional, observamos que hay dos países donde también quisieran borrar las imágenes de una guerra, vieja de más de un siglo. Al parecer, para las respectivas almas de ambas naciones, la guerra no ha terminado y se censura una película que la muestra. Y mientras haya este tipo de censura e intolerancia hacia nuestra propia imagen o la de los otros, (personas o países), seguiremos intentando destruir al mensajero que nos trae malas nuevas. Y así, solo nos condenamos al inmovilismo o al conformismo hacia nuestros propios actos que muchas veces requieren de cambios. Para seguir progresando.

Francia fue invadida dos veces, en un corto período de menos de 40 años, por su vecina Alemania. La ocupación, control, destrozos humanos y materiales ocasionados fueron inmensos y traumáticos. Igual que en nuestra guerra con el vecino, Alemania contó con la complicidad y apoyo entusiasta de los “colaboradores” locales. Los residuos de estos colaboradores evidentemente no desean ver sus imágenes en dicha época y batallarán para romper las cámaras o censurar las películas que intenten recodarlos o mostrarlos, como en un espejo.

En la cultura religiosa musulmana la relación con las imágenes es mucho más compleja. Por ejemplo, simplemente está prohibido representar visualmente a sus dioses. Lo cual ha favorecido un arte donde las líneas “arabescas” se liberen totalmente para ofrecernos bellísimas composiciones geométricas. Una pequeña muestra de esto podemos apreciar, en medio de una misa, levantando la cabeza hacia el techo del altar de la iglesia Santa Clara. Privilegio que desaprovechamos ciertamente, al concentrar mas bien nuestras energías a “fabricar” imágenes, personales o institucionales, o queriendo destruir las cámaras que las captan.

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